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martes, 26 de agosto de 2025

Aceptando el dolor

 ACEPTAR EL DOLOR

Nadie puede sustraerse al dolor. Todos, en algún momento, lo experimentamos y nos sentimos al límite de la condición humana con su presencia. Es cierto que no podemos adorarlo de tal manera que lo hagamos la razón de nuestra vida, pues eso nos haría enfermos mentales, insanos emocionales; de otro lado, también es cierto que debemos aprender a “usarlo” como apalancamiento de crecimiento personal. Para esta última posibilidad te planteo las siguientes reflexiones:

Hay que aceptar el dolor. No podemos negar a él. No por decir que: no duele, hacemos desaparecer de nuestro corazón su presencia molestosa. Para qué negar que la partida definitiva de alguien que amamos a la eternidad nos duele; o: que la perdida de una pareja por la que sentimos muchas cosas y con la que hemos luchado tanto no nos hace sufrir cuando todo acaba. Somos seres débiles y frágiles que padecen; y tenemos que aceptarlo tal cual. Por eso, si nos toca llorar hay que hacerlo. Sabiendo que asumir el dolor y expresar lo que sentimos dentro de nosotros nos hace crecer emocionalmente. Cuando algo nos duele, se nos está afirmando la vida y en muchos casos el amor. Eso lo tenemos que asumir como un mensaje interesante y gratificante del dolor.

Entender su razón de ser. Ningún dolor –ni físico, ni moral, ni aún, el que pudiéramos llamar, emocional- aparece por arte de magia. Todo en nuestra vida tiene sus causas y sus fuentes. Entender qué está pasando y por qué estamos sufriendo, nos ayuda a saber cómo manejar mejor la situación. En muchas ocasiones somos nosotros mismos, con decisiones equivocadas, los que le hemos dado vida al dolor y los que debemos aprender a la lección que se esconde tras de él.

Todo dolor es pasajero. Nuestra condición humana nos pone ante la experiencia de lo temporal. Todo pasa. Nada queda eterno en nuestro corazón. Ya sea que desaparezca o que nos acostumbremos a él, la influencia e intensidad del dolor, también pasa. Por eso, es muy importante que cada uno de nosotros lo deje fluir para que pueda irse así como llegó. Esto supone, en algunas circunstancias, ser capaz de enfrentar sus causas con verdaderas soluciones -e inteligentes- soluciones. O, simplemente, entender que su presencia –aunque demasiado fuerte- es lo mejor que nos puede pasar y que ya llegará el momento en que no esté.

Comprender su función. Distingo entre entender y comprender. Entender es captar cómo funciona o por qué se dio. Es tener clara la relación causa y efecto. El comprender supone un acto intuitivo, de poseer de un golpe la razón de ser completa, de ese sentimiento en la vida. Es saber por qué está allí y para qué. Para ello hay que usar algo más que la racionalidad, hay que disponerse totalmente a la captación de esa realidad, esto es, hay que dejar que las emociones, los afectos, el sentido común y todo lo demás participen en esa aprehensión. Razonemos emocionalmente por qué está en nosotros ese dolor. Démonos cuenta que lo que lo causa es lo mejor que pudimos hacer y que no hay nada más.

Vivámoslo espiritualmente. La espiritualidad es capacidad de trascendencia. Es descubrir que nada se cierra sobre sí mismo; sino que se abre y se comunica con lo otro. En términos cristianos, es vivir cada momento desde la relación con Jesucristo, el Señor, y, desde ella, encontrarle un sentido a lo que se vive. El sacrificio de Cristo en la cruz se hace modelo de vida para quien busca entender desde su fe el dolor. No es sólo una desgracia, también puede ser fuente de bendición y de crecimiento. No tienes por qué huirle como si fuera lo peor de la vida. También desde el dolor podemos ser mejores seres humanos

Se trata de crecer y de ser cada vez mejor. No se trata de anclarnos en épocas y momentos emocionales del presente o del pasado, sino dejar que el proceso continúe. Te invito a echar para adelante y a recibir en este momento la bendición del Dueño de la Vida. Te ratifico mi mejor deseo, que la fuerza de Dios esté contigo para que puedas superar todo lo que estás viviendo.

Cambiar de actitud frente a la realidad de un problema

 ACTITUD POSITIVA

 

Los seres humanos muy pocas veces nos detenemos a reflexionar a cerca de nuestra tarea ante las dificultades que, a diario, se nos presentan. A veces nos convertimos en expertos en volver más complicada la vida misma. De hecho la vida tiene muchos afanes que si no existiesen la vida sería un tanto aburrida, pues no ejercitaríamos esa capacidad de resolver las diferentes situaciones adversas de la vida.

No digo que los problemas hacen la vida más divertida, pues eso sería un despropósito, lo que quiero es que cada uno de nosotros pueda ir más allá del problema mismo; es decir, las dificultades se te presentan como retos para resolver, la tarea no es volver más complicada la situación, sino darle solución. Eso requiere que en primer lugar te llenes de calma y no caigas en el desespero al que a veces nos llevan las situaciones, a que mires las posibles soluciones. Tu madurez y, quizás, tu experiencia, juegan un papel importante, pues tendrás que tomar el camino más acertado para llegar a una solución satisfactoria del problema. No soy el único ser humanos con dificultades, esto no quiere decir que “a mal de muchos consuelo de tontos”, ni mucho menos; pero ese es el primer principio para la solución de las dificultades, pues estas deben ser resueltas, no se trata de dejar las dificultades allí como si estas no existieran, ¡hay que resolverlas!, eso es un hecho.

Esta reflexión quiere llevarnos a un cambio de actitud ante la realidad de los problemas que encontramos a diario. Quizá esta no es la última palabra a cerca del modo cómo vamos a darle solución a las diferentes dificultades que hallamos a diario, pero, sí es un buen punto de partida para revisarnos y tratar de ser actores mesurados sin dejarnos llevar por el afán y la desesperación. Si la dificultad no nos pertenece; pero sí nos afecta, debemos tener presente que somos “actores externos”, que entramos a colaborar para dar solución a la dificultad, porque no es nuestro problema. Si no tenemos claro estos puntos seguramente actuaremos de manera equívoca y nos adentraremos en un abismo mental bastante difícil, que nos lleva a considerar que el mundo se nos vino encima y que no hay solución posible. Eso no es cierto, pues estas dotado de las capacidades necesarias para resolver las situaciones que a diario se te presentan. Verás que es necesario tener fe en Dios, nadie puede objetar esto; es necesario que impulsado por esa fe, puedas creer en ti mismo, en que de verdad cuentas con las herramientas necesarias para resolver las situaciones adversas de la vida.

Dios está contigo, eres hechura de sus manos, te ha dotado de lo necesario para salir adelante, no equivoques el camino pues a veces los actos humanos equivocados tienen consecuencias poco agradables. Dios está contigo y te ha dado lo necesario para ser feliz.

 

Hay un tiempo para todo

Hay un tiempo para todo

No todos los momentos son iguales. No todos los espacios son para lo mismo. hay que saber distinguir bien cuando es tiempo para hablar y cuando es tiempo para escuchar, cuando es tiempo para bromear y tiempo para estar serio. también hay que saber cuando es tiempo para callar.

Muchas veces somos imprudentes con nuestros comentarios, en más de un lío nos hemos metido, o metemos a otros, porque no fuimos capaces de saber de saber que era mejor no decir lo que dijimos. No siempre puede uno relacionarse de la misma manera. También hay que saber que existen situaciones en las que la gente está hablando por hablar, en que la única intención es pasar un momento agradable aunque se estén diciendo puras tonterías.

Pilas que no estoy diciendo que eso sea el ideal de la vida, sino que también hay para eso un momento y un lugar. La vida para que sea bien vivida, debe desarrollar dimensiones humanas y estas son múltiples y diversas. es necesario sacar un tiempo para el ocio, para descansar, para recrearse, esto es para salir de las tensiones de todos los días, para no dejarse encerrar por las rutinas y para divertirse un poco; lo que no se puede es quedarse en eso todo el tiempo porque en el otro extremo, a los que se pasan trabajando y amargados todo el tiempo, están los que sólo viven mamando gallo y sin tomar nada en serio. De igual modo hay que invertir un tiempo para trabajar, para producir en cualquier campo, en el que hayas seleccionado para ejercer tu función en la sociedad, pero también hay que sacarle tiempo a compartir con la familia, a estar con ellos, hablar de las cosas que nos pasan, escuchar a los demás, sentir sus necesidades sus deseos y sus miedos. Así como no podemos volvernos inoperantes en el trabajo porque nos echan de ahí, tampoco podemos volvernos esclavos suyos y sacrificar el tiempo de nuestras familias, porque se nos derrumban con un precio muy alto.

Por amor se puede cambiar

Cambiar por amor?

El amor puede cambiar a una persona de muchas maneras. Aquí hay algunas formas en las que el amor puede tener un impacto transformador:

1. Motivación para el crecimiento personal: El amor puede inspirar a una persona a trabajar en sí misma, mejorar sus comportamientos y actitudes, y cultivar una relación más saludable y satisfactoria.

2. Cambio de perspectiva: El amor puede hacer que una persona vea el mundo de una manera diferente, adoptando una perspectiva más positiva y empática.

3. Mayor empatía y comprensión: El amor puede fomentar una mayor empatía y comprensión hacia los demás, lo que puede llevar a relaciones más profundas y significativas.

4. Superación de miedos e inseguridades:

El amor puede ayudar a una persona a superar miedos e inseguridades, lo que puede llevar a una mayor confianza en sí misma.

5. Desarrollo de la autoestima:

El amor puede ayudar a una persona a desarrollar una autoestima más saludable, lo que puede llevar a una mayor felicidad y satisfacción en la vida.

6. Cambio en prioridades:

El amor puede hacer que una persona reevalúe sus prioridades y valores, lo que puede llevar a cambios positivos en su vida.

7. Mayor resiliencia:

El amor puede ayudar a una persona a desarrollar una mayor resiliencia, lo que puede ayudarla a superar desafíos y dificultades.

Es importante recordar que el cambio personal es un proceso interno y personal, y que cada individuo es responsable de su propio crecimiento y desarrollo.

El amor puede ser un factor importante en este proceso, pero no debe ser la única razón para buscar el cambio.

AMAR SANAMENTE POR AMOR A TI.

Tratar de perdonar

Uno de los temas reiterativos en las relaciones humanas es el perdón. Todos hemos necesitados ser perdonados y hemos recibido la invitación a perdonar a alguien.

Hoy quisiera proponerles algunas reflexiones -desde mi experiencia espiritual- en torno al perdón desde estas preguntas: ¿Qué es el perdón? ¿Por qué perdonar? ¿Cuántas veces hacerlo? ¿Cómo perdonar? ¿Qué es perdonar?


 

Muchas definiciones he leído en torno a esta experiencia humana, pero quisiera compartir con ustedes dos: primero, es la decisión por recuperar la paz perdida. No un sentimiento sino una acción de nuestra voluntad para volver a vivir en la armonía que alguna situación nos hubiese quitado.

En este orden de ideas todos podemos perdonar, porque todos tenemos la capacidad y la posibilidad de tomar esa decisión.

Segunda definición, que me gusta por la relación que se ha establecido desde siempre entre el olvido y el perdón, dice que “perdonar es recordar sin dolor”. Está claro que hay cosas que no vamos a olvidar -y es necesario que no hacerlo- pero no podemos sufrirlo cada vez que lo recordamos.

¿Por qué perdonar? Estoy seguro de que hay muchas razones para tomar esta decisión. Perdono porque es lo mejor que me puede pasar, pues soy el primer beneficiado de mi decisión. Perdono porque el resentimiento, como decía mi abuela, es un veneno que me tomo, para que se muera el otro. Perdono porque sé que todos necesitamos una nueva oportunidad. Perdono porque le creo al Señor Jesús y Él nos ha invitado a hacerlo como una manera de ser cada día mejores.

¿Cuántas veces perdonar? Desde la perspectiva que estamos reflexionando, creo que siempre hay que perdonar. Cuando Pedro le pregunta lo mismo a Jesús, el Maestro responde con la parábola del siervo sin entrañas, quien primero pide perdón al Rey de sus grandiosas deudas y éste se lo da; pero luego condena a su hermano por una deuda mucho menor.

Este pasaje tiene un sentido bien claro: “Debemos perdonar al hermano todas las veces que queramos que Dios nos perdone”. Es la dimensión social-fraterna de nuestra experiencia de fe. Nada hacemos con tener una buena relación con Dios; sino la tenemos con aquellos con los que vivimos. Es de “descarados” pedir perdón y ayuda a Dios, mientras no se la damos a los hermanos con los que vivimos. Esta es una esquizofrenia que no podemos vivir como cristianos.

¿Cómo perdonar? Pregunta compleja y respondida desde distintos ángulos. Te propongo lo que a mí me ha resultado:

1. Trato de comprender las razones que tiene la otra persona para haber actuado de esa manera. Sé que no justifica su proceder, pero me hace verlo de una manera distinta. No es un monstruo que quiere hacerme lo peor, sino es un “humano” que falla y que no atinó a hacer lo correcto.

2. Recuerdo lo importante que es para mi proyecto de mi vida estar en paz y seguir adelante en la vida.

3. Entiendo que si yo tuviera los mismos condicionantes y las mismas experiencias, seguro que hubiera actuado de la misma manera.

4. Oro por esa persona. Pido a Dios lo mejor, que le vaya súper bien y que pueda estar bien para que no tenga más necesidad de hacerle daño a nadie.

5. Y, claro, tomar la decisión de hacerlo, a pesar de todas las emociones que tengo en este momento.

Por último vuelvo sobre una distinción, que he hecho muchas veces y que causa algunas discusiones en los espacios espirituales: es que en el ámbito humano perdonar no siempre es reconciliarse. Muchas veces te perdono; pero tengo que distanciarme de ti. Otras veces sí puedo perdonarte y seguir contigo. En el ámbito de la relación con Dios sí es lo mismo. Siempre que nos perdona nos reconcilia consigo.

No se cometen errores, se toman decisiones

 

No se cometen errores, se toman decisiones. Muchas personas arrepentidas dicen ante sus actos, cometí un error… Pero la verdad es que tomó una decisión.

La vida es un constante decidir. Ella, con sus días que se juntan una y otra vez, nos pone ante continuas bifurcaciones, que nos exigen decidir cuál camino seguir. Sabiendo que no elegir, es una forma de elegir. Esto es, si decidimos no coger ningún camino ya estamos eligiendo no seguir y ese, también es un camino. Por ello, tengo que decir que estamos condenados a decidir y a decidir lo que consideremos, siempre, nuestra mejor opción.

No todas las decisiones tienen la misma trascendencia, pero cada una de ellas, le agrega, realiza o pierde, suma o resta algo, al proyecto de vida que estamos construyendo. Es probable que en una de esas decisiones nos juguemos el sentido completo de nuestra vida, porque cada decisión tiene unas consecuencias a las que no podemos sustraernos, y muchas de esas consecuencias nos cambian totalmente el rumbo de la vida.

Por eso, creo que la clave de la vida está en saber decidir. Quien aprende a decidir aprende a vivir. Ese debiera ser nuestro mejor aprendizaje en los años mozos: saber discernir qué debemos hacer en cada momento de la existencia. Te propongo que reflexiones estas claves para la toma de decisiones:

Toda decisión tiene que estar mediada por la razón y el corazón. Ni fríos racionalistas que pierdan las reales manifestaciones de las emociones que se esconden en los vericuetos de la vida, y que nos hacen tan distantes como aquel que sólo acepta ideas claras y distintas. Como tampoco "emocionalistas" que, presa de las constantes presiones del afecto, de los sentimientos, de los deseos, se encaprichan en hacer las cosas sin ninguna consideración inteligente y desafiando todo sentido común, por lo cual terminan desbocados sufriendo y pagando las consecuencias de sus acciones. Para decidir hay que tener presente lo que la razón dice, hay que analizar, prensar, entender y valorar cada una de las variantes que la conforman; pero también hay que sentir, comprender y amar. Sólo cuando se combinan las dos dimensiones humanas podemos tener una decisión que nos realice.

Hay que revisar qué es lo mejor para nuestro futuro. Las decisiones no pueden ser vistas sólo desde el presente, es necesario proyectarlas. Hay que saber calcular las consecuencias que éstas decisiones tienen para mañana y cómo las vamos a poder enfrentar. Quien sólo decide para hoy, normalmente, es sorprendido por las peores consecuencias. Muchas decisiones que hoy nos hacen sufrir mañana nos entregan dividendos muy satisfactorios y realizadores.

No sólo el placer puede ser la única razón motivadora de las decisiones. No sólo de placer vive el hombre, hay muchas otras dimensiones para tener en cuenta y que inciden en la realización de nuestro proyecto. A veces la familia o las otras personas que amamos están por encima de nuestros propios placeres. U otra veces la inteligencia nos asegura una decisión que nos sacrifica un placer; pero que nos abre un mundo de posibilidades. Somos seres de muchas dimensiones y desde ellas tenemos que decidir.

Los otros cuentan en nuestras decisiones. A veces me duelo cuando me encuentro con gente tan egocéntrica que sólo piensa en sí mismo y en nadie más. Los humanos coexistimos y por lo mismo tenemos que tener al otro pendiente. No lo podemos avasallar ni devastar. Tenemos que ser capaces de mirar hasta dónde lo que decido lo daña y lo destruye. A veces en nombre del amor destruimos a los otros con decisiones egoístas. Quien necesita estar remarcando su calidad, su capacidad, su valor, sus triunfos, es porque se siente inferior y requiere autoafirmarse constantemente así sea a "costillas" de la felicidad de quienes están a su alrededor.

Lo espiritual cuenta en la toma de decisiones. Estoy seguro de que el sentido definitivo de la historia lo supera, los trasciende, lo rebasa.

Pido a Dios que te ayude a saber decidir; pero, sobre todo, a mantenerte en las decisiones correctas que has tomado.

Cuando la solucion del problema es otro problema

 

Las relaciones humanas son complejas, de eso estoy seguro. Y digo no son fáciles, tan fáciles como algunos creen; así como tampoco son imposibles de ser bien llevadas como creen otros. Hay que encontrar el justo equilibrio que las hace saludables, placenteras, deseables. Lo que puede ser algo delicioso y sano, algunas veces termina siendo una especie de infierno, tormentoso y horrible.

Construimos relaciones complicadas cuando no queremos entendernos; cuando no buscamos comprender al otro, sino que el otro me comprenda a mí; que busque lo que yo busco y quiera lo que yo quiero, que le guste lo que me gusta y haga lo que creo que debe hacer. Cuando el otro no hace eso, no quiere ser títere de mi voluntad, entonces se complica todo. Y la libertad del otro se vuelve una desgracia; tanto que la descubro como un problema. Y la solución del problema, la más fácil, la que espero, es precisamente, que el otro haga eso que creo que debe hacer. Que me complazca. Y ahí se vuelve más problema el problema.

Porque el otro está en todo su derecho de no hacer lo que yo quiero que haga. Es más, esto se vuelve más problema porque el otro tendrá la pretensión de que yo haga lo que él quiere. También de aquel lado me piden que sea lo que no soy. Debemos buscar el equilibro, saber que los seres humanos no existimos para ser el ideal de nadie, que no tenemos que ser como otros quieren, ni otros serán lo que queramos. Las relaciones sanas se construyen a partir del reconocimiento de la ‘otredad’, de la inigualable singularidad del resto de las personas, que es tan válida y tan importante como mi propia singularidad, como mi originalidad es válida y pido respeto para ella, pues de igual forma tengo que procurar valorar y darle importancia a la de los otros.

Cuando dejo de pretender que me complazcan, cuando espero que los otros sean como son y los acepto, entonces tengo menos problemas con ellos. Porque ya no estarán predispuestos a pelear contra quien consideran un invasor de su personalidad o un contricante que busca derrotarlos en la lucha por ser ellos. Si quieres mejorar tus relaciones, mejora tu percepción de los otros; especialmente mejora tu tendencia a imponer lo que crees que deben ser o hacer, vivir o sentir.

Déjalos ser libres como esperas ser libre y verás la diferencia que hay entre la relación tormentosa que tienes ahora y la que podrás tener con ellos. Siempre vas a necesitar relacionarte con alguien, siempre tendrás que estar en sociedad, porque los seres humanos tenemos que vivir con otros, los necesitamos, entonces qué mejor forma que encontrar en el respeto y la valoración, una convivencia más sana, más incluyente, más amable. Seguro que también los demás responderán de la misma forma, aunque se tome su tiempo. Seguro que gradualmente verás los frutos de tu cambio de mentalidad; verás que puedes encontrar resistencias al principio, que otros crean que lo que haces es sospechoso, pero se convencerán cuando vean que no es flor de un día, sino una nueva forma de pensar y de actuar con respecto a ellos.

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