Seguir este Blog

martes, 26 de agosto de 2025

Luchar frente a la adversidad

 

Todos, en algún momento de la vida, hemos sentido que todo está perdido; que no tenemos ninguna oportunidad para salir adelante. Seguro que no falta el “amigo” que, con una falsa cara de dolor, nos diga que lo siente mucho pero que no lo intentemos, que ya no hay nada que hacer. Frente a esas situaciones tenemos dos posibilidades bien claras y definidas:

1. Nos damos por venidos y entregar todas nuestras “armas” diciendo que nada hay que hacer. Esta es una posibilidad que muchos asumen, declarándose vencidos antes de salir al último asalto. Esa opción nos deja amargados, tristes y derrotados. Es una decisión que nos deja con la pregunta interior de qué hubiera pasado si hubiéramos intentado un último esfuerzo. No es extraña este tipo de actitudes en una sociedad que predica el facilismo, la magia y teorías que invitan a alcanzar el éxito o el triunfo sin el esfuerzo necesario. Es fácil tomar la decisión de dejarse vencer por la situación, pero es difícil aceptar las consecuencias que se derivan después.

2. Dar la batalla con todas las fuerzas y luchar con la seguridad que todo se puede revertir y que toda adversidad se puede vencer. Para ello hay que prepararse, elegir la mejor estrategia y luchar con todas las fuerzas. Es la decisión de ir a la batalla a dar lo mejor. Por supuesto que estamos arriesgándonos, porque uno va a la pelea sabiendo que es posible que salgamos derrotados; pero y qué, igual perderemos si no lo intentamos. Pero hay una diferencia entre estos que nos se mueren hasta que se mueren, y los que no pierden los partidos hasta que se acaban.

Te propongo que no te desanimes frente a las adversidades, que no creas que ya estás perdido, que seas capaz de ceñirte como un valiente y enfrentar esa adversidad –por muy difícil que parezca- con la certeza de que vas a vencer. Puedes darte por vencido, puedes tirar la toalla pero, insisto, hay diferencias entre perder sin intentarlo o perder dando la batalla. Por eso saca fuerzas de desde dentro y date cuenta que puedes hacer lo mejor. Creo que debes trabajar sobre tres confianzas fundamentales para toda batalla:

1. Confía en ti mismo, para ello debes tener claro que eres una persona con las aptitudes que se requieren para la batalla, sabiendo que Dios ha puesto en tu corazón muchos talentos que no puedes despreciar. Esa confianza en ti se debe manifestar en una actitud decidida y constante.

2. También hay que confiar en aquellos con quienes hago equipo. Siempre necesitamos ayuda y es necesario creerle al otro. Saber que igual que yo, los que me rodean tienen valores, aportan cosas importantes, son talentosos. En la vida no sólo basta con lo que hago, siempre necesito un aporte más que yo mismo no puedo dar. Y en mi equipo hay quienes tienen esa ayuda oportuna que requiero.

3. Y, claro, una confianza plena y total en Dios. Él es el Dueño de la vida, y nos da su ayuda siempre. Ayuda que implica nuestro esfuerzo y no es mágica. Estoy seguro de que con esas confianzas y un plan de trabajo inteligente y real, podremos revertir todas las situaciones difíciles que tenemos; y si no tendremos la satisfacción de haber dado todo, esto no nos quita el dolor de la derrota, pero nos da un fresquito que nos hace sentir mejor.

Creo en ti y estoy seguro que puedes hacer lo mejor. Ánimo.

Viviendo libres

 

Dios nos ama con amor incondicional. Esa es la verdad más fuerte e importante de toda la vida. Hagamos lo que hagamos igual nos quiere. Somos salvados por su amor. Es un regalo no la compramos. Por eso es que nunca estamos solos. Hago el bien porque es mi esencia hacerlo y porque regojo lo que siembro, no porque con el esté ganándome a Dios.

Sé que estás acostumbrado a ganarte el amor de los demás; y que, para hacerlo, muchas veces tienes que ponerte caretas, mimetizarte en lo que no eres y, de rodillas, mendigar un poco de atención. Sé que esta sociedad, en la que vivimos, te ha acostumbrado a huir de la soledad y “engancharte” emocionalmente o “adjuntarte” a cualquiera, bajo cualquier pretexto, con tal de no estar solo. Sé nos han hecho creer que no somos valiosos si no tenemos tal o cual característica física, tal o cual profesión, tal o cual manera de vestir. Nos hemos gastado la vida buscando razones para que los demás nos amen y, por eso, le tenemos miedo a estar solos; olvidando que hay Uno que nos ama de manera incondicional y que siempre está con nosotros.

Hoy quisiera liberarte de cualquier esfuerzo por hacerte amar de Dios, pues te ama y punto. No tienes porque hacer de tu vida un ejercicio continuo de conquistar su amor ese ya se te regaló en la cruz, en su hijo Jesús.

Anselm Grün lo dice así: “No te preocupes de si eres Justo. Poner la mirada en Jesucristo, que murió por ti en la cruz, te libera de esos pensamientos. Eres amado incondicionalmente. El amor de Jesús te hace justo. Eres valioso. Eres recto y justo ante Dios”.

No hay razones posibles que se puedan aducir para que Dios te ame. Como dice el salmista “¿si llevas cuenta de los pecados quien podrá resistir?” No hay razones humanas posibles que nos hagan justos ante Dios. Si fuera por nuestras acciones ya estaríamos perdidos y nadie merecería el amor de Dios. ¿Quién puede ser justo con sus acciones ante Dios? Estoy seguro de que el estrés, la angustia, los complejos, el fanatismo, la infelicidad, entre otras enfermedades actuales, no son sino el resultado de los que sueñan con ganar el amor de Dios a través de sus acciones. Como bien dice Grün: “En Jesucristo Dios nos ha mostrado otro camino: el camino de la fe. Si creemos en Jesucristo, que por nosotros se hizo hombre para quebrantar el poder del pecado, quedamos libres del poder esclavizante de la ley.

Entonces experimentamos otra manera de llegar a ser justo. Ésta es la aceptación incondicional por parte de Dios, aceptación que se hace visible en la cruz de Jesucristo…Somos libres. A partir de ahora podemos confiar en que somos amados por Dios no porque aduzcamos un rendimiento ante Él sino porque Él mismo nos ha demostrado su amor en Jesucristo”. ¡Ah, no tengo que justificarme ante nadie! ¡Tengo que ser libre viviendo en el amor y creyendo en el Señor! Decepcionar a los otros no siempre es un acto malo y equivocado, alguna veces es lo mejor que puede pasar. ¡Qué emoción liberarme del peso de vivir aparentando y exigiéndome lo que no puedo dar!

Que quede claro algo: No sé te está dando licencia para hacer y deshacer. No vayas a creer que las obras no tienen sentido, y que ser bueno es lo mismo que ser malo, ya que ese no es el sentido. Se te está recordando que es lo central de la vida y se te está librando del peso de tener que vivir como los otros quieren, como los otros exigen o como definitivamente no quieres vivir. Quien ama y se siente amado no hace nada destructivo, de eso estoy seguro. El mal siempre es fruto del no-amor, del no sentirse amado ni no saber amar. Quien ama y se siente amado permanece en el amor.

Se te está invitando a ser tú mismo. A vivir según el Espíritu. “Vivir desde el Espíritu significa vivir desde la propia profundidad, sede lo originario, desde el yo más íntimo. A partir de ahí crecerá el bien en nosotros… No somos esclavos de nuestro propio rendimiento ni de las expectativas que nos encaminan a nosotros mismos, de la presión que ejercemos sobre nosotros mismo para hacerlo todo perfectamente de tal manera que Dios esté contento de nosotros”. Ya Él me ama y eso me hace plenamente libre. Que nadie me pida que haga lo que ellos quieran, sólo haré lo que descubro desde Dios, lo que me hace feliz y ayuda a mis hermanos a ser felices.

El valor de tu sonrisa

 

Dedícale tiempo a la gente que se lo merece y que te hace sentir bien. No mendigues la atención...la amistad ni el amor de nadie. Quien te quiere...te lo demuestra tarde o temprano.

Por eso...si vives en una situación de injusticia emocional así recuerda:

A quien no te llame y no conteste tus llamadas...no le llames. No busques a quien no te extrañe. No extrañes a quien no te busca. No escribas...no te sometas al castigo de la indiferencia que demuestran mensajes ignorados o silencios infundados.

No esperes a quien no te espera...valórate y deja de mendigar y de rogar amor. Porque... como hemos dicho...el amor se debe demostrar y sentir...pero jamás implorar. Tu cariño debe ser para quienes te quieren y te comprenden sin juzgarte.

Y sobre todo no te olvides del valor de tu sonrisa ante el espejo...quiérete y valórate por todo lo que eres. Ámate y date cuenta de que el hecho de que alguien te descuide no quiere decir que tú no debas hacer lo imposible por rodearte de personas que te quieran en su vida....."

 

 

<script async src="https://pagead2.googlesyndication.com/pagead/js/adsbygoogle.js?client=ca-pub-3396681697262065"
     crossorigin="anonymous"></script>

No te quedes donde no te quieren

 

NO TE QUEDES DONDE “NO” TE QUIEREN

Cuando tratas con alguien que ya no te ama, ”se nota enseguida”.

Pero quizás tú...”NO” lo quieres aceptar. Porque vives siempre con la esperanza y la ilusión, a veces falsa... Y otras, con autoengaño de creer, que esa persona va a cambiar.

Y la verdad, si esa persona no te ama, “NO” tendrá ganas de cambiar nunca.

Y tú vivirás por años mendigando un poco de cariño, o un poco de amor, pensando que le amas.

Pero lo tuyo, tampoco es amor, sino más bien, es una fuerte dependencia emocional. Y sufres; de un terrible apego al pasado, aunado a una grave adicción a la atención de lo ausente. “QUE SE TE MANIFIESTA EN UN TERRIBLE DOLOR Y PROFUNDO VACÍO EXISTENCIAL EN TU VIDA PRESENTE”.

Sí, así es, cuando hay amor; “se nota”.

Y si ya se murió el amor...”se nota mucho más”.

Porque la indiferencia, el desinterés, el rechazo constante, el desgano y la desilusión...”DESTRUYEN EL ALMA UN POCO CADA DÍA”.

“NO CULPES AL AMOR”. Tu problema; fue el haberlo confundido con alguien que sólo te necesitaba...”PARA MATAR SUS RATOS DE SOLEDAD”.

No insistas en quedarte en los espacios donde no hay amor, ni mantener vínculos por "compromiso”.

Uno de los actos de amor más grandes que existen...”es dejar ir”.

No es sencillo, implica un trabajo personal arduo, pedir ayuda, aprender a poner y ponerte límites.

NO INSISTAS EN UN LUGAR AL QUE YA NO PERTENECES, NO HACES FALTA Y “NO” TE QUIEREN*.

TODO LO QUE “NO” ES AMOR... RESULTA SER TÓXICO.

TE REGALO ESTA FRASE:

NO INSISTAS... DONDE YA “NO” EXISTES,Y SOLO POR INTERES ESTAN, ABRE LOS OJOS AMIGUITO, QUE DE CERDO LOS TAMALES TE VAN A HACER, Y HASTA TE VAN A METER UN PROBLEMA QUE NO ES TUYO... YA TRAE COLA MANITO.

NO MERECES ESE KARMA.

Porque debo amar a quien tanto me odia?

 

Nos enseñaron a odiar a nuestros enemigos; pero Jesús nos invita a amarlos. A veces, meditando esta enseñanza de El Maestro, me pregunto cómo lograr amarlos, y la única manera es encontrar el bien que me hacen. ¿Me hacen algún bien mis enemigos? Sí. Creo que sí.

Cuando alguien es tu enemigo está atento a encontrar tus errores, tus fallos, es un buscador de tus defectos para decirlos y seguro que no de la mejor manera. Pero los dice y así te enfrenta a tu propia verdad, te ayuda a ver y te da templanza.

Ese es un gran bien que te hace. Pues la mejor manera de crecer, de madurar, es asumirse con total claridad y verdad. Quien nos ataca, también provoca reflexiones, análisis, nuevos trabajos existenciales, es decir, nos da la oportunidad de elaborar caminos de crecimiento. ¿Cómo no amar a quien nos hace crecer? Se trata de mirarlo de otra forma, de aprender a pensarlos de una manera distinta. Esto implica que seamos amplios y libres al acercarnos a su realidad.

Esto no supone que, ante los ataques, no podamos defendernos digna y asertivamente. Ni tampoco que seamos estoicos en asumir dolores que podemos evitar; mucho menos pretender que otros comprendan lo que, en definitiva, no les interesa comprender. De lo que se trata es de evaluar si la mirada del ‘enemigo’ es correcta, cierta, y está mostrando algo en lo que debo trabajar.

Para ello habría que desapegarnos de cualquier orgullo malsano y darnos cuenta de que nada que lo que se me diga me hace menos de lo que soy; es decir, debo aprender a hacerme responsable de mis emociones.

Yo las decido y no ninguna palabra pronunciada por otro, ni un acto de quien me quiera destruir. Soy y punto. Ni bueno, ni malo, simplemente soy. Que el otro me vea mal, no significa que lo sea; que aquel me vea bien, tampoco significa que lo sea. Tengo que aprender a ser libre a esos comentarios; tanto de ataques, como de adulaciones.

Los comentarios dicen más de quienes los hacen que de mí; expresan más debilidades, envidias e inseguridades de sus creadores, que algo realmente mío. Entonces no vale la pena engancharme, ni desgastarme, en ellos; es mejor dejarlos pasar. Y cuando dicen una verdad, los aprovecho para crecer y ser mejor. No porque lo diga él o ella, éste o aquel, sino porque dice una verdad y me reta a mejorar.

Le tengo que quitar al otro el poder de dañarme. Que haga lo que quiera; pero no dejo que me dañe. Que me quite cosas, que me quite espacios, que me eche de sitios míos, que me maldiga… pero no le permito que me dañe. Eso lo decido yo. Y no le doy ese poder a ninguno.

Sus acciones, hasta eliminarme, las hará sabiendo que en mis labios habrá una sonrisa y no en mis ojos una mirada de odio o de dolor. Por momentos imagino la escena los verdugos de Jesús escuchando decir: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”… e imagino su desconcierto; porque definitivamente no hay nada más extraño para el “malo”, que no poder dañar al bueno, y más que éste le devuelva con misericordia su acción.

A veces aprendo más de un enemigo que desnuda mis debilidades, que de cien amigos y sus comentarios salameros que me disfrazan en mis incapacidades. Tengo que ser capaz de enfrentar lo que soy. Asumirlo y vivirlo con libertad y responsabilidad. Nuestra tarea es ser, cada vez, mejor seres humanos; gente sana interiormente, que sabe relacionarse con los demás y que deja espacios para que todos puedan crecer y ser.

Cuando soy capaz de comprender esto, no le tengo miedo al ridículo, ni a no ser tan bueno como los otros, ni a no recibir elogios. Entiendo que me basta con ser y amarme de verdad, sólo así podré dejar ser a los otros y amarlos en verdad. Es hora de que comprendas por qué tienes que amar a tu enemigo. Estoy seguro de que hacerlo te hará mejor ser humano.

Las tres R

Les propongo 3 temas a tener en cuenta para ser los dueños de nuestras vidas, de nuestros proyectos, de lo que queremos ser y alcanzar en nuestra historia.

Un autor que sigo mucho, que leo porque me nutre para mis brindarle consejos a los pacientes que me visitan y para escribir mis reflexiones, es Jhon Maxwell, quien sobre el liderazgo de nuestra propia vida propone 3 R.


 

La primera de ellas: Requisitos. Todo lo que quiero alcanzar me exigirá algo. A cada meta le anteceden unos requisitos; por ejemplo, cuando queremos conseguir un trabajo, nos van a pedir una formación mínima como garantía de que podemos hacerlo bien. Del mismo modo cuando elegimos una pareja establecemos unos requisitos, queremos que tenga algunas condiciones o la otra persona, también tendrá unos que debemos cumplir. No sirvo para todo, no tengo habilidades para hacerlo todo bien.

Tengo que ser consciente de que tengo talentos, pero también tengo limitantes. Por ejemplo, a mí me encanta el fútbol, pero sé que no soy un buen jugador, que no tengo las cualidades que se necesitan para practicar ese deporte a un alto nivel. Como responsable de mi vida, la pregunta que se tiene que hacer es: qué debo hacer que nadie puede o deber hacer por mí?

La segunda R tiene que ver con los Resultados. Es decir, se pregunta por lo que sucede con lo que hacemos. Si queremos de verdad ser gente que triunfe, que haga la diferencia, tenemos que ser conscientes de los resultados que se presentan con lo que hacemos. Porque muchas veces nos gusta una actitud, nos gusta un modo, nos gusta un método para hacer las cosas; sin embargo, eso que nos gusta, no es algo que produzca los resultados que quisiéramos. Si queremos resultados distintos, seguramente tendremos que hacer cosas distintas, tener nuevas maneras, asumir actitudes que hasta ahora no hemos tenido. Si nuestra relación de pareja no funciona, no tiene para nosotros los resultados existenciales que queremos, entonces hay que intentar algo diferente, que hasta ahora no intentamos. Los resultados no son algo caprichoso. Ni se dan porque tengamos suerte o estemos “de malas”; sino que tienen una relación muy lógica con lo que hacemos, con la manera cómo asumimos la vida, cómo nos preparamos, cómo nos decidimos a enfrentar nuestra existencia, nuestras relaciones, nuestras responsabilidades y obligaciones.

La tercer R es Recompensas. Es decir, sobre los modos en los que recibimos los beneficios de nuestro esfuerzo. Todo vale la pena, siempre y cuando nos llene y le dé sentido a la existencia que tenemos. En este sentido, debemos preguntarnos qué produce la Recompensa más grande? Estamos hablando de satisfacción personal. La vida es muy corta para dejar de hacer las cosas que uno disfruta. Hago otras cosas pero siempre le dedico tiempo a las que más me gustan. Estoy seguro de que la mejor recompensa es ser feliz. Estoy seguro de que necesito recompensas; pues de lo contrario caigo en el aburrimiento y el desgano. El gran problema pasa cuando nos recompensamos antes de tiempo; es decir, no hemos alcanzado la meta y ya nos estamos comiendo los frutos; no hemos cosechado y ya nos acabamos los recursos de la cosecha; entonces nada tiene sentido y nos desmotivamos. Y veo mucha gente desmotivada por ahí, ya sea porque nunca se dan una recompensa o porque se las dan sin que alcanzaran sus metas. Cuando uno logra una meta, tiene que sentir que valió la pena ese logro. Por eso cuando conquisto un objetivo, me doy una recompensa. 

La envidia no deja ser feliz a algunas personas

 

Existen personas que les gusta hacer la vida infeliz a los demás. Esa es su misión en la vida. Su profundo odio hacia los demás los convierte en personajes dispuestos a hacer lo que fuese, a correr cualquier riesgo, a generar cualquier situación y pagar el precio más caro, con tal de destrozar la vida ajena. Sé que es una caricatura, sé que este tipo de descripción es una exageración de la realidad, una tragedia moderna inspirada en aquellas tragedias griegas tan bien contadas.

Pero me puse a pensar en tanta gente que se hace infeliz, no sé si con el propósito de serlo, pero sí con ese objetivo. Pues estoy seguro de que son muchas las situaciones en las que nos negamos a la propia felicidad. También sé que la envidia, que esta sociedad busca generar en los individuos, nos está restando espacios para sentirnos bien y gozarnos lo que somos. Aunque todos digamos que no la sentimos, vivimos buscando que otros la sientan; porque un comercial hace mucho nos enseñó que es mejor despertarla. Y entonces parece que no podemos negarnos a vivir en esa dinámica del envidiar y ser envidiados; es decir, en ni ser felices esperando que nos miren con recelo y odio, ni dejando serlo a los demás, tratando de opacar, minimizar, enlodar o destruir sus logros, conquistas o cualidades. Y mientras pensaba en esto, llegué a la conclusión de que no podemos ser felices por lo siguiente:

1-No creemos que podamos o merezcamos serlo. Nos sentimos malos, nos entendemos como poco fiables, poco capaces, poco dignos. Entonces actuamos conforme a eso. Nos hemos convencido de que la felicidad es algo inaccesible, algo fuera de nuestro alcance o posibilidades. Entonces no hacemos nada por lograrla. Como no es para mí, como está fuera de mi alcance, entonces para qué lucho, para qué intento tenerla. Y realmente este pensamiento es erróneo, equivocado y poco inteligente, pues todos tenemos la posibilidad de ser felices, en medio de la situación y de las capacidades propias, cada quien puede decidir y optar por la felicidad.

2- No podemos ser felices si estamos pendientes de lo que suceda con los demás. Tienes que concentrarte en tu vida, en tus proyectos, en tus facultades y en superar tus limitantes. Lo que pase con los demás es problema de ellos; no tienes ni que resolver la vida de los otros asumiendo que son tuyos, ni que sufrir y amargarte por los triunfos que logren. No vivimos en una competencia de nada. Lo que se le da al otro no es algo que me restan a mí; esa es una visión equivocada de la vida.

3- Lo que otros tienen, es suyo y no puede hacerme sentir mal. Una de las actitudes que más me encuentro con regularidad, es la aquellos que envidian los logros materiales, laborales, profesionales, etc., que tienen sus vecinos. Hay quienes ven que el carro que compró el vecino, es una afrenta personal para él que tiene que andar en buseta todavía. Y resulta que no. Envidiar no sólo te daña, sino que te estanca. Conozco a algunos que se contentan con creer que los otros ascienden no por propios méritos, sino porque tienen palancas, ayudas extras, trampas, etc. Y se amargan más por eso.

Así es como ocurre una hernia umbilical

  Así es como ocurre una hernia umbilical Lo que observas en esta imagen representa el mecanismo anatómico por el cual una hernia umbilical ...