El hombre ha hecho uso de los productos de la naturaleza desde tiempos inmemorables, no solo para satisfacer su hambre, sino también con el fin de sanar sus enfermedades, cicatrizar sus heridas y elevar su estado de ánimo. En Irak se han encontrado restos arqueológicos de 60.000 años de antigüedad que evidencian que el hombre de Neandertal ya usaba plantas curativas como el malvavisco, la milenrama y el senecio. En América, los hallazgos son más recientes pero también indican que el uso de la hierbas medicinales es tan antiguo como el propio ser humano. En Coahuila (Méjico), se han encontrado restos de plantas utilizadas con fines médicos en lugares donde el hombre vivió hace 8000 años, y en cuevas del Perú se hallaron sacos para coca de una antigüedad de 5.000 años. La coca era masticada y usada como estimulante, pero tenía también una aplicación medicinal.
Aunque el uso de las hierbas con fines terapéuticos estaba asociada (y lo estuvo durante muchos siglos) a ritos mágicos y religiosos, y su carácter curativo se atribuyó a las fuerzas divinas, hay que resaltar que esta utilización estaba basada, por encima de todo, en un buen conocimiento de la planta, adquirido empíricamente y transmitido de padres a hijos a través de muchas generaciones.
Los primeros documentos escritos de la historia de la humanidad, con una antigüedad de más de 6000 años, incluyen ya descripciones de algunas hierbas medicinales. Los sumerios mencionan en sus ideogramas, datados 2.500 años a. C., diversas drogas vegetales, los asirios, por su parte eran conocedores de 250 especies de plantas con propiedades curativas. A través del código de Hammurabi, valioso documento histórico de unos 4000 años de antigüedad, tenemos conocimiento de las plantas utilizadas por los babilónicos para sanar sus enfermedades: beleño, menta, sen, etc. Es notable también la importancia de las hierbas medicinales en la cultura mesopotámica, de la cual se conservan documentos conteniendo más de 250 especies distintas de plantas, entre las que se encuentran la adormidera, belladona, mandrágora, beleño, cáñamo, azafrán, tomillo, ajo, cebolla, regaliz, asafétida y mirra.
Las culturas asiáticas han mostrado desde sus albores un gran interés por la fitoterapia y nos han dejado valiosos escritos. Al emperador y médico chino Shen Nung pertenece el herbario más antiguo conocido, de unos 5.000 años de antigüedad. En él, propone una forma más natural de vida y recopila y describe nada menos que 1000 plantas medicinales.
Con respecto a las hierbas medicinales más comunes usadas en la India antigua, diremos que estas se transmitieron oralmente hasta ser inmortalizadas en los poemas sagrados o "vedas". En ello se menciona, entre otras, a la Rauwolfia, que curaba enfermedades mentales y epilepsia. Su principal sustancia activa, la reserpina, se ha podido aislar y se usa hoy en día como tranquilizante y para disminuir la tensión. El hecho de que tanto chinos como hindúes hallarán remedios hace más de 4.000 años para enfermedades como el asma y el resfriado común, las cuales eran tratadas con Cannabis, o como la lepra, aliviada con Chaulmoogra, nos da una idea del avanzado conocimiento que habían adquirido ambos pueblos en el uso de las propiedades terapéuticas de las plantas, que se usaban como hierbas medicinales.
El interés de las viejas civilizaciones de los valles del Tigris y el Éufrates por desarrollar y transmitir las virtudes curativas del mundo vegetal, cristalizaron de un modo muy especial en la civilización egipcia. Ya podemos hablar aquí de una verdadera escuela de medicina que actúa independientemente de cualquier tipo de práctica religiosa. Los conocimientos médicos y las prácticas destinadas a la curación eran patrimonio de un cuerpo de verdaderos profesionales, a menudo especialistas en una enfermedad concreta. En un papiro egipcio realizado (1500 años a. C.) se describen las propiedades y aplicaciones terapéuticas de 700 plantas medicinales y se tiene conocimiento de la existencia de un jardín de plantas medicinales en el templo de Edfú datado aproximadamente en el año 450 a. C.
Muy interesante también es la aparición en esta época de los conceptos de prescripción y receta, esto es la adquisición del conocimiento de la dosificación en cada tratamiento, no solo en virtud de mejorar su acción, sino también para evitar posibles efectos nocivos en el organismo.
Otro aspecto que merece especial mención es la utilización de aceites y otras esencias vegetales para embalsamamiento del cuerpos. Este campo en el que se confunden medicina y religión, proporcionó un gran avance en el estudio y búsqueda de nuevas hierbas útiles.
Como plantas más utilizadas en el mundo egipcio podemos citar el enebro, la coloquíntida, el granado, la semilla de lino, el hinojo, el alerce, el cárdamo, el comino, el ajo, el lirio, la hoja de zen, el lirio heráldico, el ricino y la amapola.
Serían los griegos y posteriormente el imperio Romano, los encargados de llevar el conocimiento egipcio a un nivel muy superior. Hipócrates (460-337a. C.), Conocido universalmente como el padre de la medicina moderna, es de fundamental importancia universal el desarrollo de los conocimientos sobre hierbas medicinales. Nos ha dejado numerosos tratados médicos en los que se mencionan más de trescientas. Muy famoso es su "Corpus Hipocráticum", en el que aglutina todos los conocimientos médicos de su época. En él se especifica el remedio vegetal para cada enfermedad. Las obras de Hipócrates destacan de una manera especial por no asociar las propiedades curativas de las hierbas a ningún tipo de magia o superstición. Por su parte, Aristóteles (384 -332 a. C.), detalló las propiedades y virtudes de muchas plantas medicinales. Teofrasto (372-287 a.C.), en su "Historia de las Plantas" describe el uso de numerosas hierbas procedentes de Grecia y otros lugares. Su obra y sus teorías influyeron en la evolución de la botánica y la medicina durante los veinte siglos posteriores. Catón (siglo II a.C.), aportó a la fitoterapia nuevos conocimientos que se recogen en su tratado "De Rústica", en el cual se incluyen 120 plantas medicinales.
En la época de Nerón vivió el médico Dioscórides (40-90 d. C.), que hasta el Renacimiento fue considerado como una autoridad infalible en el campo de la medicina. En su tratado De materia médica cuyas primera versión transcrita se conoce como "Codex Juliana", se enumeran más de quinientas fórmulas de origen vegetal que servirán luego de base para los grandes herbarios europeos de siglos posteriores. Su obra ha sido considerada como el prototipo de nuestras farmacopeas.
El legado de Roma en cuanto a la botánica medicinal se refiere, no es tan extenso como la aportación griega, aunque cabe destacar las figuras de Plinio (27 a. C. - 29 d. C.) y Galeno (130-201 d. C.).
Plinio "el viejo" escribió la "Historia Natural" que es una recopilación de casi dos mil tratados, síntesis de su teoría. Para él la naturaleza sirve al hombre, por lo que las plantas fueron creadas para su satisfacción; unas como alimentos, fibras, leña, etc.; y las restantes son plantas medicinales debido a sus propiedades. Sus ideas fueron el fundamento de las desarrolladas en la Edad Media.
Posterior a Plinio es Galeno, que aunque griego, ejerció en Roma como médico de cámara del emperador romano Marco Aurelio. Destaca por las llamadas "Preparaciones Galénicas", consistentes en la disolución de las esencias de las plantas en alcohol, agua o vinagre para utilizarlas en forma de ungüentos o compresas. Fue el primero en dejar escrita las fórmulas y cantidades exactas de sus preparados. Se le considera el padre de la moderna farmacología.
La edad media no fue una época del desarrollo científico rápido pero no se perdió la cultura adquirida en los milenios procedentes y gracias a los monasterios. En ellos los monjes con sus conocimientos de latín y griego,se ocuparon de conservar el saber antiguo transcribiendo las obras de los clásicos. Crearon los primeros jardines de hierbas medicinales, donde se cultivaban tanto las plantas de la región, como las traídas por los peregrinos de lugares lejanos. Merecen una especial atención los famosos jardines de hierbas del monasterio de San Gallen y de Schafhausen. Entre los eruditos medievales hay que destacar al obispo de Regenburg, Albertus Magnus y a la abadesa Hildegar Von Bingen (apodada "la santa curandera"), cuyos tratados llamados "Physica" nos explican las virtudes de ciertas plantas medicinales como la vellosilla y la árnica.
Sin embargo, la aportación más importante corresponde a Paracelso (1443-1541), médico suizo influenciado por Plinio. Paracelso nos dice que las hierbas están en la tierra con una señal del propósito con el que se han de utilizar. Así, una hoja acorazonada significaba que la planta era remedio para las enfermedades cardíacas. De su teoría surgen muchos nombres de plantas como la estornudera, el corazoncillo y la pulmonaria.
Suya es la frase "nuestros prados y montes son nuestra farmacia".
Sirve como ejemplo de la utilización de las plantas en la Edad Media el cornezuelo del centeno, empleado en casos de parto difícil, como relajante de músculos involuntarios y para cortar hemorragias pos-tnatales y tratar migrañas.
Con el descubrimiento de la imprenta tuvieron gran impulso los herbarios europeos, el primero de los cuales fue el de Otto Brufels (monje cartujo). Junto a la publicación de estos, la recopilación de textos científicos antiguos y la edición de otros nuevos, coexiste un mundo oculto, de magia brujería y superstición, que dio a las plantas, como el beleño negro, la belladona y la mandrágora, atributos diabólicos. Famosos son los ungüentos de las brujas, que eran compuestos altamente tóxicos que provocaban alucinaciones parecidas a las de las drogas modernas.
Hacia el año 1.600 se produce una ruptura entre la botánica y la medicina tomando ambas caminos opuestos. Teorías que habían sido auténticos dogmas como la de Paracelso quedan totalmente desacreditadas.
Con el Renacimiento llegaría una gran evolución en la catalogación de las plantas medicinales. El incremento por el interés en lo empírico y el auge de los grandes viajes darían un nuevo impulso a la fitoterapia. De otros continentes llegaron a Europa nuevas y desconocidas plantas. De África llegaron plantas como la fisostigma (altamente tóxica), empleada en oftalmología para dilatar prolongadamente la pupila y tratar el glaucoma; la Fuente de Guabaína, gran estimulante cardíaco al igual que el Kombe y la Rauwolfia utilizada para enfermedades venéreas, reumatismo y también como purgante.
La aportación americana fue muy importante, encontrando en la zona norte del continente plantas como el podófilo, utilizado para la sordera, como purgante y para expulsar los gusanos intestinales, si bien los colonos le dieron otros usos medicinales; con ella trataban la hepatitis, la fiebre tifoidea y la disentería. Otra planta importante es el eléboro americano, utilizado para aliviar la hipertensión.
Dada la gran cantidad de plantas que se descubrieron en el Nuevo Mundo, se hicieron los primeros herbarios americanos, el primero de los cuales fue el "Manuscrito Badiano", que se encuentra en la biblioteca del Vaticano, cuyo autor fue Martín de la Cruz (médico azteca). De las numerosas plantas que en él se describen ,hay que destacar la jalapa, la zarzaparrilla y el tabaco (introducido en Europa como medicina), utilizadas frecuentemente por la cultura azteca, rica en rituales mágico-religiosos que en ocasiones tenían un carácter médico. Muchas de estas plantas, que los mexjicanos utilizaban como alucinógenos, son de gran importancia en la medicina moderna, como el "peyote" y otras ricas en alcaloides (muy utilizadas por la ginecología actual).
La aportación más abundante fue la de América del Sur. Muchas de las plantas son utilizadas como venenos, si bien tienen gran importancia en la medicina moderna, caso de la Tubocarina (relajante muscular). En el Perú la medicina más famosa era la Coca, utilizada por sus propiedades anoréxicas y estimulantes. De ellas se ha extraído la Cocaína muy empleada, en oftalmología. Sin embargo, la aportación peruana más importante en este campo ha sido la Quina, de la cual se extrae la Quinina, febrífugo utilizado contra las fiebres de la malaria.
A raíz del aumento de las plantas conocidas, se hizo necesaria una clasificación de las mismas, y como consecuencia surgieron nombres ilustres en el campo de la botánica, como Mathías de Lobel y Guillaume Rondelet, que marcaron un camino a seguir que culminará con la figura de Carlos Linneo (1701-1778). Con él se llega a una ordenación rigurosa y científica del mundo animal y vegetal. En 1735 publicó sus obras "Systema Naturae", clasificación sistemática de todas las plantas conocidas basada en la distribución de los órganos sexuales en la flor. Para Linneo existen dos grandes ramas en el mundo vegetal; las Criptógamas, caracterizadas porque sus estambres y pistilos no se pueden ver a simple vista, y las Fanerógamas en las que si son visibles.
El conocimiento de las hierbas medicinales había llegado a niveles muy elevados. Sin embargo, en los dos últimos siglos dará un vuelo radical. Hasta el siglo XVIII se habían determinado las propias curativas de las plantas, su efecto sobre el organismo y su modo de aplicación; pero se desconocía el motivo por el cual la planta actuaba de este modo, es decir, sus principios activos. El desarrollo de las ideas de evolución y herencia propugnadas por Darwin y Mendel, respectivamente, plasmaron en el nacimiento de una nueva rama de la ciencia: LA GENÉTICA. La aparición del microscopio, por otro lado, permitió conocer la compleja estructura vegetal. Este desarrollo científico y tecnológico permitió el reconocimiento y el aislamiento de los principios activos de muchas plantas medicinales (el primero de ellos fue la morfina, extraída de la adormidera). El hecho de que muchas sustancias pudieran ser obtenidas artificialmente en el laboratorio, proporcionó un desinterés cada vez mayor, hacia el organismo vegetal del cual procedía. El consumo de medicamentos químicos ha ido en aumento, y desgraciadamente el hombre moderno se ha ido alejando de la medicación natural. Pero los efectos secundarios provocados por muchas sustancias sintéticas, a veces peores que el mal que se combatía (buen ejemplo de ello es la Talidomida), nos llevan de nuevo a una búsqueda de la medicina natural, ya que ésta será siempre mejor tolerada por el organismo.
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