¿A qué se debe el temblor? ¿Por qué es característico de ciertas enfermedades como, por ejemplo, de la enfermedad de Parkinson?
Los músculos actúan de una manera compleja. Están constituidos por numerosas haces de fibras elásticas que pueden estirarse y también pueden ensancharse y acortarse. Cuando estas fibras están contraídas, es decir, anchas y cortas, actúan como un resorte de acero y almacenan energía, y cuando se aflojan, la liberan. Un músculo no contrae todas sus fibras a la vez. Diferentes haces de fibras se contraen en tiempos diferentes, separados por microsegundos, con lo cual se consigue que el movimiento sea continuo y uniforme. Para que un músculo se ponga en movimiento necesita el estímulo de un nervio, cuya misión es llevar los mensajes desde el cerebro al músculo y de este al cerebro.
Los nervios actúan como máquinas electroquímicas, convirtiendo las moléculas de ciertas sustancias químicas del cuerpo en impulsos eléctricos. Estos impulsos viajan por los nervios a partir del cerebro -que también es una máquina electroquímica- para desencadenar la acción muscular; acto seguido hacen el camino inverso para informar al cerebro que el trabajo ordenado ha sido llevado a cabo. Hay así un complejo sistema de control centralizado por el cerebro, pero también hay otro control que corresponde a las glándulas endocrinas. Una hormona llamada adrenalina, producida por una de estas glándulas, tiene un potente efecto directo sobre los músculos.
Cuando una persona se alarma por cualquier tipo de amenaza, las glándulas suprarrenales, a su vez estimuladas por el cerebro, segregan gran cantidad de adrenalina. Esta se extiende inmediatamente por todo el cuerpo llevada por la corriente sanguínea y actúa sobre diversas estructuras, incluyendo los músculos. En ellos tensa los haces de fibras, gracias a lo cual almacenan energía para hacer frente a la amenaza externa. Tal operación, que se realiza a gran velocidad y prepara a la persona para enfrentarse a la amenaza o para huir de ella, recibe el nombre de respuesta de "lucha o huida".
La adrenalina tiene otros muchos efectos, pero su capacidad de poner en tensión los músculos es muy importante, porque es una de sus primeras misiones. Sin embargo, no es la adrenalina sino el cerebro quien ordena los músculos lo que deben hacer. Pero ambos, el cerebro y la adrenalina, aseguran que los músculos serán bombardeados por mensajes con impulsos para la acción.
Es este es este bombardeo el que probablemente causa el temblor, que es un componente del miedo. Los músculos, que responden a los mensajes del cerebro y de la adrenalina contrayendo y relajando los ases de fibras a gran velocidad, vibran con la actividad y, a menos que se use la energía para oír o para hacer frente al peligro luchar, eso se manifiesta como un ligero temblor.
Más tarde, cuando la primera ola de adrenalina ha pasado y su efecto tensor ha desaparecido, los músculos responden con lentitud y no se relajan uniformemente, sino con espasmos, lo que explica por qué el temblor puede ser mayor cuando el peligro ya no existe que mientras está presente.
Un tipo diferente de temblor muscular es debido al frío. En este caso, la parte del cerebro que actúa como termostato del cuerpo registra un enfriamiento peligroso y solicita calor.
Cuando los músculos queman azúcar y oxígeno para efectuar un trabajo se obtiene calor como subproducto, y así, a causa de esta función, los músculos provocan un aumento de la temperatura corporal. En caso de enfriamiento brusco, el termostato del cuerpo envía mensajes a los músculos para que se contraigan y se relajen rápidamente, generando un calor extra con este trabajo. Su efecto es el escalofrío y el castañeteo de los dientes.
El temblor debido a afecciones como la enfermedad de Parkinson es completamente diferente. Se presenta porque hay un fallo en las partes del cerebro y en los nervios encargados de llevar los mensajes de contracción-relajación a los músculos.
Estos mensajes llegan en forma inconexa y, como consecuencia de la irregular contracción y relajación a la que dan lugar, se produce temblor. También puede haber temblor en otras enfermedades que no sean debidas a un daño en el cerebro o en el sistema nervioso. Así, por ejemplo, el temblor puede derivar de una glándula tiroides superactiva. Cuando una glándula endocrina es superactiva, las otras glándulas relacionadas con ellas se descompensan también; la causa del temblor es, en el caso anteriormente citado, un exceso de adrenalina.
El temblor de la vejez se debe probablemente a la pérdida gradual de la capacidad del cerebro para transmitir impulsos uniformes, así como al envejecimiento de los músculos para responder uniformemente a aquellos.
Lucha o fuga: cuando el cerebro percibe una amenaza estimula las glándulas suprarrenales que adrenalina en el torrente sanguíneo provocando una reacción de lucha o de fuga además los músculos se ponen tensos y como efectos secundario tiemblan.
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