Resistencia a la insulina
ocurre cuando las células del músculo, grasa e hígado no responden adecuadamente a esta hormona, dificultando la absorción de glucosa sanguínea. Esto fuerza al páncreas a producir más insulina, derivando frecuentemente en obesidad abdominal, diabetes o diabetes tipo 2 si no se controla con cambios en el estilo de vida, ejercicio y dieta.
Puntos clave:
Causas principales: Sobrepeso (especialmente grasa abdominal), sedentarismo, genética y mala alimentación (alto consumo de azúcares y harinas refinadas).
Síntomas comunes: Suele ser asintomática al principio. Puede causar fatiga, aumento de hambre, dificultad para concentrarse, acantosis nigricans (manchas oscuras en cuello/axilas) y aumento de peso.
Diagnóstico: Se realiza mediante análisis de sangre, como la medición de insulina en ayunas, el índice HOMA y la hemoglobina glucosilada.
Tratamiento y reversión:
Dieta: Reducir carbohidratos refinados, azúcares y aumentar la fibra, incluyendo vegetales, frutas y proteínas magras.
Ejercicio: La actividad física regular aumenta la sensibilidad a la insulina y ayuda a perder peso.
Hábitos: Mejorar el sueño y controlar el estrés.
Riesgos: Si no se gestiona, puede progresar a diabetes tipo 2 y enfermedades metabólicas/cardiovasculares.
Es una condición tratable y, en muchos casos, reversible mediante cambios estructurales en el estilo de vida.
<script async src="https://pagead2.googlesyndication.com/pagead/js/adsbygoogle.js?client=ca-pub-3396681697262065"
crossorigin="anonymous"></script>
