Saber presente a Dios en nuestra historia cuando las dificultades arrecian y la vida está complicada hasta el punto de parecer que no tiene sentido es muy difícil. ¿Cómo creer que Él nos protege y nos cuida pero nos está yendo mal y estamos siendo derrotados?, ¿cómo creer que me ama si estoy postrado enfermo en una cama?, ¿cómo creer que es bueno si los buenos sufren y los malos ganan? Así se lo dice Gedeón cuando el ángel del Señor le dice Dios está contigo: ¡El Señor está contigo, guerrero valiente! —Pero, señor —replicó Gedeón—, si el Señor está con nosotros, ¿cómo es que nos sucede todo esto? ¿Dónde están todas las maravillas que nos contaban nuestros padres, cuando decían: “¡El Señor nos sacó de Egipto!”? ¡La verdad es que el Señor nos ha desamparado y nos ha entregado en manos de Madián!
Tiene razón Gedeón ¿Cómo así que Dios está con nosotros y
nos está yendo así de mal? ¿Cómo es que nos ama? Parece lógica la conclusión de
este juez de Israel: Dios nos ha desamparado. En los actuales momentos, alguno
dirá: definitivamente Dios no existe. Esta es una de las tentaciones más
fuertes que tiene el hombre: creer que la prosperidad, la fama, el poder, la
estupenda salud, son garantías de la presencia de Dios o que su ausencia es
signo de su abandono. Como si a Dios se le midiera en esas experiencias
materiales. Dios tiene que ser mucho más que eso. Dios está presente en todos
los momentos de la vida y lo está para que seamos felices. La única manera de
creer en Dios es ser capaz de trascender a las situaciones inmediatas que se
viven. Si nos quedamos en ellas, te aseguro que creer no va a ser posible. Es
necesario que ubiquemos la situación en un proyecto mayor, que es nuestra
historia de salvación, y que entendamos que debe tener un sentido y una razón
en ese proyecto.
No podemos mirar sólo las situaciones difíciles, sino que
debemos pensar en perspectiva. Si no le encontramos el sentido a esa situación
que estamos viviendo, seguro nos va a hacer sufrir más de lo debido y muy
probablemente viviremos una crisis de fe innecesaria. ¿En qué me hace crecer
esta situación? ¿Qué valores se están fortaleciendo en esta batalla? Creo que
esas preguntas te ayudan a comprender el sentido de esas situaciones. No creo
que se trate de sufrir por sufrir. Eso implicaría un Dios cruel que no es aquel
que se nos ha revelado en la Palabra. “Sabemos que Dios dispone todas las cosas
para el bien de los que le aman…”.
Tenemos que estar seguros de que si estamos metidos en una
situación tan difícil es porque algo hay que aprender. No creo que sea
enteramente casual. También es posible que algo hayamos hecho para estar en esa
situación, muchos de esos problemas nos los buscamos. O puede que se trate de
nuestra condición humana –somos de barro y no de acero- y por eso nos
enfermamos y tenemos que lidiar con la posibilidad de la muerte física. Para
ello necesitamos aprender a confiar en que Dios nunca nos abandona y a tener
una buena experiencia de oración.
Estoy seguro de que no hay mejor actitud en estas
situaciones difíciles que luchar con todo y confiar en el Señor que todo lo
puede. Me gusta meditar lo que el ángel del Señor le responde a Gedéon ante su
duda, no entra en una discusión filosófico-teológica sobre Dios y de sus
manifestaciones sino que le dice: El Señor lo encaró y le dijo: —Ve con la
fuerza que tienes, y salvarás a Israel del poder de Madián. Yo soy quien te
envía.
Sí claro, ten la certeza que Él te ha enviado y sal a luchar. No te quejes más. No te regodees en el dolor. No busques ser víctima. Tienes la fuerza de Dios en tu corazón, sal a luchar, a vencer y a dar lo mejor de ti. Estoy seguro de que lo lograrás, como lo logro Gedeón quien derrotó a los Madianitas.