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miércoles, 28 de enero de 2026

Derrame cerebral

 


Derrame cerebral:

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El cuerpo ataca al feto durante el embarazo

 


El cuerpo ataca al feto durante el embarazo

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Desarrollo embrionario

 


Desarrollo embrionario:

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El estómago

 


El estómago:

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Obesidad y sobrepeso

Como especialista en endocrinología, metabolismo y obesidad, quiero explicarte por qué la obesidad es una de las enfermedades más agresivas y subestimadas de nuestra era.

Durante mucho tiempo se redujo la obesidad a un tema de apariencia o de fuerza de voluntad. Ese enfoque no solo es incorrecto, sino profundamente dañino. La obesidad es una enfermedad crónica, sistémica y progresiva que modifica el funcionamiento interno del organismo desde el nivel celular hasta el de los grandes órganos.

La imagen lo muestra con claridad: el exceso de tejido adiposo no es un simple “almacenamiento”. La grasa se infiltra, comprime, inflama y altera órganos vitales. El cuerpo entero cambia su fisiología.

¿Qué hace a la obesidad tan peligrosa?

1. Es una enfermedad activa, no pasiva

El tejido adiposo en exceso actúa como un órgano endocrino enfermo. Produce sustancias proinflamatorias, altera hormonas clave del apetito y del metabolismo, interfiere con la insulina y mantiene al cuerpo en un estado inflamatorio crónico de bajo grado.

2. Daña múltiples órganos al mismo tiempo

La obesidad impacta de forma directa y simultánea en:

- Corazón y vasos sanguíneos

- Hígado (hígado graso y progresión a daño hepático avanzado)

- Riñones

- Páncreas

- Sistema respiratorio (apnea del sueño)

- Articulaciones y columna

- Sistema hormonal y reproductivo

No es una enfermedad localizada, es una enfermedad de todo el cuerpo.

3. Multiplica el riesgo de enfermedades graves

La obesidad aumenta de manera significativa la probabilidad de desarrollar:

- Hipertensión arterial y enfermedad cardiovascular

- Diabetes tipo 2 y resistencia a la insulina

- Enfermedad renal crónica

- Trastornos respiratorios del sueño

- Deterioro funcional y discapacidad temprana

4. Aumenta el riesgo de múltiples tumores malignos

El entorno inflamatorio, hormonal y metabólico generado por la obesidad favorece el desarrollo de tumores malignos como:

- Tumor maligno de mama

- Tumor maligno de colon

- Tumor maligno de endometrio

- Tumor maligno de páncreas

- Tumor maligno de riñón

** Más allá del peso: impacto en la vida diaria **

La obesidad afecta la energía, el descanso, la movilidad, la fertilidad, la salud mental, la longevidad y la calidad de vida. Reduce años de vida y, lo que es igual de importante, reduce años de vida con bienestar.

Pero hay algo fundamental que debe quedar claro:

La obesidad es tratable.

Con abordaje médico adecuado, acompañamiento profesional, estrategias personalizadas y seguimiento a largo plazo, es posible mejorar la salud metabólica, reducir riesgos y recuperar funcionalidad.

Hablar de obesidad no es hablar de culpa ni de estética.

Es hablar de una enfermedad real.

Es hablar de prevención, de ciencia y de futuro.

Y cada persona merece un manejo médico basado en evidencia, respeto y empatía.

Recordatorio esencial: La información presentada tiene carácter académico y educativo. No constituye consulta médica, ni debe ser utilizada para autotratarse. Si tienes molestias o preocupaciones, consulta a tu médico de confianza.

 

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Información importante

Si te has acostumbrado a tomar jugo “natural” de naranja a diario, es importante decirlo con claridad: no es una práctica saludable y, a largo plazo, puede convertirse en un problema metabólico. Como profesional en nutrición, vale la pena explicar por qué.

Durante muchos años se promovió la idea de que desayunar con jugos naturales de frutas incluida la naranja, era un hábito positivo para la salud. Sin embargo, con el avance de la ciencia nutricional y metabólica, esta creencia fue reevaluada y hoy sabemos que no es tan inocua como parecía.

La clave está en entender qué ocurre con el azúcar de la fruta.

La naranja entera contiene azúcares intrínsecos, es decir, azúcares que se encuentran naturalmente dentro de la matriz del alimento y que vienen acompañados de fibra, agua, vitaminas y compuestos bioactivos. En ese contexto, el azúcar no representa un problema para el organismo: la fibra retrasa su absorción, evita picos bruscos de glucosa y genera saciedad.

El problema aparece cuando la fruta se exprime.

Al preparar jugo, el azúcar se libera de la estructura original de la fruta y se separa casi por completo de la fibra. Desde el punto de vista metabólico, ese azúcar libre se comporta de forma muy similar al azúcar añadida: se absorbe rápidamente, eleva la glucosa en líquido preciado hemático y estimula una respuesta intensa de insulina.

En términos prácticos, beber jugo de naranja equivale a tomar agua con azúcar disuelta, solo que con una imagen más “natural”. Además, es muy fácil consumir en pocos minutos el azúcar de tres o cuatro naranjas sin notar saciedad, algo que difícilmente ocurriría al comerlas enteras.

Por eso, la recomendación basada en evidencia es clara:

la fruta debe consumirse entera, tal como fue diseñada por la naturaleza. Así se preserva el equilibrio entre azúcar, fibra y nutrientes, y se evita una sobrecarga metabólica innecesaria.

Elegir la fruta entera no es una moda, es una decisión fisiológicamente coherente con la forma en que el cuerpo humano procesa los alimentos.

Recordatorio esencial: La información presentada tiene carácter académico y educativo. No constituye consulta médica, ni debe ser utilizada para autotratarse. Si tienes molestias o preocupaciones, consulta a tu médico de confianza.

 

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Alivio de la congestión venosa

Eleva las piernas contra la pared 10 minutos al día y entiende por qué esta postura tiene efectos mucho más profundos de lo que imaginas.

A primera vista parece solo una forma de descansar.

Pero desde la fisiología, es una de las maniobras posturales más simples y eficaces para ayudar al sistema circulatorio, calmar el sistema nervioso y facilitar procesos de recuperación que tu cuerpo no logra activar cuando vive en modo constante de exigencia.

No es ejercicio.

No es estiramiento.

No es meditación.

Es una intervención postural que usa la gravedad a tu favor, algo que hoy casi nadie aprovecha, a pesar de pasar horas de pie, sentado o bajo estrés continuo.

¿Qué sucede realmente cuando elevas las piernas?

1. Se alivia la congestión venosa de inmediato

Durante el día, la sangre y el sistema linfático tienden a acumularse en las extremidades inferiores. La gravedad juega en contra.

Al elevar las piernas:

- La sangre retorna al corazón con menor esfuerzo.

- Mejora la circulación general.

- Disminuye la sensación de pesadez, hinchazón y tensión en las piernas.

- Se reducen calambres y molestias al final del día.

Es especialmente útil en personas que pasan muchas horas sentadas, de pie o con sensación de piernas cansadas.

2. El sistema nervioso cambia de “modo”

Esta postura estimula el sistema nervioso parasimpático, el encargado del descanso y la reparación.

Eso se traduce en:

- Disminución de la frecuencia cardíaca.

- Relajación muscular progresiva.

- Reducción de la sensación de estrés, ansiedad o agitación interna.

Es como recordarle al cuerpo que no todo es urgencia ni alerta permanente.

3. Descarga la zona lumbar y mejora la respiración

Al recostarte boca arriba con las piernas elevadas:

- La columna lumbar se descomprime.

- Se reduce la tensión acumulada en la espalda baja.

- El diafragma se mueve con mayor libertad.

Esto permite una respiración más profunda y eficiente, sin esfuerzo consciente, lo que mejora la oxigenación y genera una sensación global de calma.

4. Favorece el drenaje linfático y la microcirculación

Al facilitar el retorno de líquidos, los tejidos eliminan mejor productos de desecho y reciben más oxígeno y nutrientes.

Muchas personas describen esta postura como un “reinicio” corporal, una sensación de ligereza difícil de lograr con otras prácticas más activas.

Cómo hacerlo correctamente:

- Apoya las piernas en una pared o sobre almohadas firmes.

- Acuéstate boca arriba, con los glúteos lo más cerca posible del apoyo.

- Mantén las piernas elevadas sin forzar las rodillas.

- Deja los brazos relajados a los lados, con las palmas hacia arriba.

- Inhala lento y profundo, y exhala aún más despacio.

Diez minutos son suficientes para notar efectos.

Quince minutos pueden potenciar el beneficio.

¿Por qué algo tan simple funciona tan bien?

Porque el cuerpo moderno vive sobrecargado: exceso de estímulos, poco descanso real, mala postura, estrés sostenido.

Elevar las piernas no “cura” enfermedades, pero reactiva mecanismos fisiológicos básicos que el cuerpo ya sabe hacer y que quedan bloqueados cuando todo está en tensión: drenaje, relajación profunda, regulación circulatoria y nerviosa.

A veces, mejorar la salud no depende de hacer más, sino de darle al cuerpo el espacio y la posición correctos para que funcione como fue diseñado.

Recordatorio esencial: La información presentada tiene carácter académico y educativo. No constituye consulta médica, ni debe ser utilizada para autotratarse. Si tienes molestias o preocupaciones, consulta a tu médico de confianza

 

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