Herpes Zóster
La varicela y el herpes zóster son causados por el virus varicela-zóster. La varicela es la infección inicial (primoinfección) y el herpes zóster es una reactivación del virus, por lo general años más tarde. En la fase varicelosa de la infección, el virus se disemina por el torrente sanguíneo e infecta muchas de las células nerviosas (ganglios) de las raíces nerviosas de la médula espinal o los nervios craneales permaneciendo allí en estado inactivo (latente). El virus varicela zóster puede no volver a producir síntomas, o bien reactivarse muchos años después. Cuando se reactiva viaja por las fibras nerviosas hasta la piel, donde produce llagas dolorosas que se parecen a las de la varicela. Este brote de úlceras (herpes zóster) esta casi siempre limitado a la franja de la piel que contiene el grupo de fibras nerviosas infectadas. Esta área se denomina dermatoma.
A diferencia de las infecciones por el virus del herpes simple, por lo general sólo se produce un brote de herpes zóster en el curso de la vida de la persona.
El herpes zóster puede aparecer a cualquier edad, pero es más frecuente después de los 50 años. Habitualmente se desconocen las causas de su reactivación, pero a veces esta se produce cuando la inmunidad del organismo disminuye debido a otra patología como el sida o la enfermedad de Hodking, o bien por medicaciones que debilitan el sistema inmunológico. Sin embargo, la aparición del herpes zóster no significa necesariamente que la persona tenga otra enfermedad grave.
Síntomas y complicaciones
Entre las manifestaciones clínicas iniciales del herpes zóster se encuentran el malestar general, escalofríos, fiebres, náuseas, diarrea o dificultades para orinar 3 o 4 días antes que el herpes sea evidente. Otros síntomas son dolor, sensación de hormigueo o picazón en una zona de la piel. Luego aparecen pequeños grupos de ampollas llenas de líquido y rodeados por un halo rojizo. Estas ampollas se localizan sólo en la zona de la piel cuya sensibilidad depende de los nervios afectados. Por lo general, las ampollas aparecen en el tronco y habitualmente en un solo lado. No obstante, algunas también pueden aparecer en otras localizaciones. El área del cuerpo afectada suele ser sensible a cualquier estímulo, incluso a un ligero roce, y puede ser intensamente dolorosa. Los niños con herpes zóster por lo general tienen síntomas menos graves que los adultos.
Las ampollas comienzan a secarse y a formar costras aproximadamente cinco días después de su aparición. Hasta que se forma la costra, las ampollas contienen el virus varicela-zóster, que puede provocar varicela si se trasmite a personas vulnerables. Si las ampollas abarcan amplias zonas de la piel o persisten durante más de dos semanas , habitualmente significa que el sistema inmunológico no funciona bien.
Un ataque de herpes zóster suele inmunizar a la persona de por vida pero en algo menos del 5% de los casos se presentan ataques posteriores. En la piel pueden quedar cicatrices, que a veces son extensas, aunque la mayoría de las personas se recuperan sin sufrir consecuencias a largo plazo.
Algunas personas , en especial los ancianos, continúan teniendo dolor crónico en la zona afectada (neuralgia postherpética). La afectación de la rama del nervio de la cara que va al ojo puede ser muy grave y se no se trata adecuadamente la visión puede quedar alterada.
Diagnóstico
Antes de la aparición de las ampollas, el diagnóstico medico puede ser difícil, pero la localización del dolor inicial en una banda indefinida de un lado del cuerpo será un indicio del herpes zóster. Dependiendo de los nervios afectados, el dolor puede parecerse al causado por la apendicitis, un calculo renal o la inflamación del intestino grueso. Sin embargo, cuando las ampollas aparecen según la disposición típica en el trayecto de una raíz nerviosa, el diagnóstico se aclara. Rara vez se realizan pruebas de laboratorio, pero son un procedimiento útil como diagnóstico de confirmación.











