De forma silenciosa y progresiva, pueden ir tapándose las arterias de tu corazón.
Observa la secuencia que muestra la imagen. No ocurre de un día para otro. Es un proceso lento, acumulativo y muchas veces asintomático durante años.
En la parte superior vemos una arteria coronaria normal, con un lumen amplio que permite el paso adecuado del líquido preciado hemático y del oxígeno hacia el músculo cardíaco.
Con el tiempo, factores como colesterol elevado, hipertensión arterial, tabaquismo, diabetes, obesidad y sedentarismo favorecen la acumulación de placa grasa en la pared interna de la arteria. Esta placa está formada por lípidos, células inflamatorias y tejido fibroso. Al inicio no duele, no avisa y no se siente.
A medida que la placa crece, la arteria se va estrechando, reduciendo el flujo que llega al corazón. En esta etapa pueden aparecer síntomas como:
- Dolor u opresión en el pecho con el esfuerzo
- Falta de aire
- Fatiga fácil
El escenario más peligroso ocurre cuando la placa se rompe. Al romperse, el organismo intenta “reparar” la zona formando un coágulo, que puede obstruir parcial o totalmente la arteria. Si el flujo se bloquea de forma súbita, el músculo cardíaco deja de recibir oxígeno y se produce un infarto agudo de miocardio.
Lo más preocupante es que muchas personas descubren que tenían las arterias enfermas hasta que ocurre el evento.
Por eso la prevención es clave:
- Control estricto de la presión arterial
- Manejo del colesterol y la glucosa
- Alimentación saludable
- Actividad física regular
- Evitar el tabaco
- Seguimiento médico oportuno
El corazón rara vez grita; suele avisar en silencio. Entender este proceso puede marcar la diferencia entre prevenir una enfermedad o enfrentar una urgencia vital.
Recordatorio esencial: La información presentada tiene carácter académico y educativo. No constituye consulta médica, ni debe ser utilizada para autotratarse. Si tienes molestias o preocupaciones, consulta a tu médico de confianza.
